Shar-Pei

Estamos contemplando una de las razas caninas más antiguas, pues en tiempos de la dinastía Han (220 a.c.) ya se menciona un perro de características muy similares al que se denomina perro Tomb. La raza procede del sur de China, pudiendo haber aparecido los primeros ejemplares en Dah Let, ciudad del cantón de Kwong Tung. En tan lejanos tiempos habitaba en los templos en los que servía de guardián y más adelante, ya secularizado, se le empleó en variados menesteres.

Aún conocido en su país como “Perro chino luchador”, fue combatiente en espectáculos contra otros perros, actividad en la que se veía favorecido por su abundante piel, cuya elasticidad y grosor no sólo le servía de amortiguador ante las dentelladas del contrario, protegiéndole los órganos vitales, sino que también, aunque le hicieran presa en el cuello, le permitía girar la cabeza y a su vez apresar al contrario. En realidad, la traducción de shar-pei es piel de arena porque se escurría en las riñas como la arena entre las quijadas del ofensor.

Los campesinos lo aplicaron al cuidado de las piaras de cerdos e incluso como perro de caza. Los avatares históricos no parecieron influir grandemente en la raza, que siguió calladamente realizando su trabajo cotidiano, ligada al agro de su región de origen, como tantos perros de todo el mundo, pero unos acontecimientos dramáticos trastocarían aquella sencilla existencia.

El triunfo de la revolución comunista cambió radicalmente el sistema de producción chino, las colectivizaciones cambiaron las tradicionales economías domésticas familiares del campo por cooperativas, desaparecieron los pequeños rebaños, y todo aquello que se estimaba superfluo tenía que ser eliminado.

CARACTER

Como otras muchas razas orientales tiene el shar-pei un carácter peculiar, en nada parecido a los perros de nuestras latitudes. De él destacan la dignidad y la reserva, el orgullo, la bondad y la independencia. Es un animal seguro de sí mismo, poco ladrador, pero que no está dispuesto a dejarse avasallar. Es un perro extremadamente limpio, con muchas de las características psíquicas de los cánidos en los que predomina la sangre lobuna.

Su antiguo pasado de gladiador no ha marcado para nada su carácter, por lo que resulta fácil su convivencia con otros perros con los que se muestra tolerante y aún indulgente.

No se trata, pues, de una de esas razas que nos obligan a extremar las precauciones si no queremos vernos continuamente envueltos en broncas y riñas con otros perros y sus propietarios, si bien es cierto que un shar-pei nunca rechaza una provocación abierta, pues no es un perro cobarde y está bien dotado por la naturaleza para salir airoso y vencedor en cualquier altercado, que completó el campeonato de España.

Con los niños se lleva bien, tolerando sus juegos y haciendo gala de su carácter tranquilo y bondadoso. Podemos definirlo como un perro entregado a la familia, es decir, no es perro de un solo amo, aunque por su independencia no resulta molesto o pegajoso, inteligente, aprendiendo con rapidez la disciplina necesaria para una organizada vida diaria y nada amigo del callejeo, prefiriendo permanecer en su casa, en el territorio que le es familiar y controla.

CUIDADOS GENERALES

Cada raza, por sus características morfológicas , es propensa a unos determinados padecimientos y por el contrario está libre de otros. El gran problema de nuestro amigo es precisamente aquello que lo hace hermoso y singular, la piel.

Entre los pliegues formados por las arrugas puede acumularse humedad que termina favoreciendo la aparición de hongos y eccemas, tanto secos como húmedos.

Esta afección no es exclusiva del shar-pei, pues la encontramos con frecuencia en razas de piel abundante como el mastín napolitano o el bulldog inglés.

La mejor prevención es la limpieza frecuente de los pliegues de la piel con una toallita húmeda de las que venden para los bebés y posteriormente aplicar polvos de talco, que controlen la aparición de humedad.

El eccema húmedo es especialmente molesto y doloroso para el perro, de rápida difusión por toda la superficie de la piel, tiene su origen en baños frecuentes sin secar adecuadamente la piel del animal. Se caracteriza por la formación de pequeñas vesículas que, cuando revientan, desprenden un líquido sedoso, purulento, viscoso y de olor fétido.

El perro se rasca continuamente la piel tumefacta, enrojecida y muy sensible, ocasionándose llagas que pueden infectarse. Si se evita que el animal se lesione, la inflamación termina por desaparecer. Suele localizarse en torno a los conductos auditivos externos, los espacios interdigitales y la zona perianal, aunque puede extenderse por todo el cuerpo.

La razón, también es proclive al entropión, especialmente en los cachorros muy ricos en pliegues en la cabeza. El peso de la piel obliga a los párpados a doblarse hacia dentro y el roce de las pestañas termina ocasionando una herida en la córnea.

El ojo aparece rojo, irritado y con constante lagrimeo.

Cuando observemos la existencia de entropión en un cachorro acudiremos inmediatamente al veterinario, quien practicará una pequeña intervención quirúrgica consistente en dar un punto en forma de cuña en cada párpado superior para conseguir levantarlo, que en la mayoría de los casos soluciona definitivamente el problema.

La operación no debe realizarse hasta que el cachorro haya completado la mayor parte de su desarrollo físico, en torno a los ocho meses de edad, es conveniente hasta entonces lavar dos o tres veces al día el ojo con un colirio boradado o agua de manzanilla.

Un cachorro que nace con síntomas de entropión puede evolucionar positivamente al crecer, terminando por desaparecerle, pero también puede agravarse su estado. Por ello, nuestra vigilancia debe ser constante.

EL MINI-PEI

El mini-pei es una creación de los criadores de Estados Unidos, donde apareció hace unos 15 años aproximadamente como evolución y selección de los ejemplares más pequeños de shar-pei.

En Europa no pudimos contemplar esta variedad de la raza hasta hace escasos seis años, en que fueron importados a Francia los primeros ejemplares.

Esta variedad de shar-pei no es más que una consecuencia de la diversidad de tipos que anteriormente comentaba.

Ya en China se criaban dos tipos diferenciados: un perro longilíneo, esbelto, alto de pata, nervioso y adaptado al combate contra otros perros y otro perro de menor talla, macizo y compacto, de apariencia claramente molosoide.

Con características psíquicas semejantes, sin embargo la variedad más reducida fue destinada frecuentemente al consumo humano, pues no podemos olvidar la afición que existe en muchas regiones del extremo oriente por la carne de perro, que encuentran un manjar exquisito.

En los primeros años, los criadores occidentales se centraron en la selección de los ejemplares más altos y esbeltos, pero en las camadas seguían apareciendo perro del otro tipo, más compacto y masivo. Finalmente algunos aficionados se decidieron a seleccionar perros de talla pequeña, dando preferencia a características determinantes, como un cuerpo muy compacto, hocico muy ancho y lleno, cabeza importante y mayor profusión de piel y pliegues.

La política de selección dio pronto sus frutos y hoy podemos afirmar que el mini-pei es la expresión racial de un perro con bases históricas, que había existido desde siempre en su tierra de origen.

Actualmente, entre el shar-pei y el mini-pei no solo existen diferencias de talla, la del mini-pei oscila de 33 a 38 cms. sino también en estructura ósea, pliegues y volumen muscular.

El hueso del mini-pei es más ancho y sólido, con un perímetro torácico considerable, con costilla abombado; su piel es más rica en pliegues y el volumen muscular es considerable, con musculatura fuerte. Pero lo que verdaderamente llama la atención del profano es su hocico, que resulta muy lleno por lo que es denominado “hocico de hipopótamo”.

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