Boxer: Raza canina

El Bóxer es extremadamente curioso, seguro de sí mismo y en absoluto desconfiado. Valeroso y combativo en la lucha, su carácter dominante puede acarrearle incompatibilidades con algunos de sus congéneres, sobre todo si se trata de machos.

Pero nunca molestará al perro al perro de menor tamaño o al perro joven sino que, consciente de su fuerza, podrá permitirles ciertas licencias.

Celoso y muy posesivo, no querrá compartirnos con nadie, y deberemos tener en cuenta este punto a la hora de acariciar perros ajenos, puesto que nuestro Bóxer, aunque sea por el rabillo del ojo, no nos pierde de vista ni durante un instante.

El Bóxer aprende a comprender a su amo con el que, le basta la mirada para poder comunicarse. Además es un perro poco o nada ladrador y, aparte de los juegos de los cachorros, sólo podremos oír su voz cuando circunstancias especiales lo requieran.

Le encanta el contacto físico con los suyos, y es muy frecuente que con toda una sala llena de sofás y cojines vacíos, el perro vaya a aposentarse justo encima de nuestros pies.

También es común que nos “busque” con el pecho y con las manos cuando quiere jugar, y es, de hecho la sobreutilización de sus patas delanteras con respecto a las demás razas la que le ha bautizado como Bóxer (boxeador en inglés).

Le encanta el agua; es buen nadador y llega incluso a bucear si se trata de recuperar el juguete que le hemos lanzado.

Como buen teutón no teme al frío, aunque le afecta la humedad por su propensión al reuma.

De todas maneras, el calor es su peor enemigo, y debemos evitar alargar los paseos durante las horas de sol en los meses veraniegos.

De aspecto imponente e intimidatorio y movimientos eléctricos pero elegantes, el Bóxer cuenta seguramente con los rings más espectaculares en las exposiciones de belleza. Pero no voy a hablar aquí de las virtudes estéticas de la raza, creo que las fotografías y el estándar que acompañan este escrito son suficientemente ilustrativas.

Por desgracia, el Bóxer no es precisamente longevo, y ese gran corazón que siempre hace funcionar al 200% suele pasarle factura demasiado pronto.

Y es que nuestro amigo no entiende de términos medios, y siguiendo su filosofía de auténtica pasión por la vida, se entrega en cuerpo y alma a todo aquello que realiza, en especial a su ocupación predilecta, querer a su amo.

LA ELECCIÓN DEL CACHORRO

No perdamos el norte en este momento decisivo y pensemos más que nunca en el fin con el que adquirimos nuestro perro.

Asegurémonos el carácter equilibrado del cachorro, que en condiciones normales se aproximará a nosotros con curiosidad al descubrir nuestra presencia, tentándonos con sus patitas delanteras (inequívoca marca de la raza) o intentando lamer y mordisquear nuestras manos.

Tampoco es necesario llevarse al “jefe” de la camada, y existen “test” en infinidad de publicaciones especializadas que establecen el tipo de temperamento de los cachorros y que pueden servirnos de ayuda en este sentido.

En todo caso, suele ser más rápido y efectivo preguntarle al criador, que ya habrá podido observar en muchas ocasiones los juegos de los perritos y sabrá lo que podemos esperar de cada uno de ellos. Los cachorros más bonitos o llamativos suelen estar apalabrados ya antes de la fecha de entrega, por lo que es conveniente siempre no esperar hasta el último momento para ir a escogerlos.

En cuanto a lo que belleza se refiere o, mejor dicho, corrección dentro del standard, podemos tener en cuenta las siguientes consideraciones.

La cabeza es la expresión de la raza y su grado de tipicidad convertirá a nuestro perro en un Bóxer o simplemente en un can que se le parece.

Alcemos al cachorro en nuestros brazos y observémoslo de frente.

  • Su morro ha de ser lo más ancho posible, mejor cuanto más se aproxime a la anchura de las mejillas o maseteros, que nunca han de resultar prominentes (so pena de aparentar mayor fragilidad en el morro en los perros de hocico demasiado corto y de dar lugar a cráneos de pelota en los perros chatos).
  • Es bueno que la trufa y la comisuta labial se hallen separados por una buena altura de morro, que contribuye a su tipicidad.
  • Con el perro de perfil observemos la longitud del hocico. Si bien cabrían múltiples puntuaciones al respecto, un buen consejo para el profano es que prefiera el más corto en apariencia.
  • El stop (confluencia del cráneo y la caña nasal) ha de estar bien marcado, formando un ángulo lo más recto posible, de donde debe partir una caña nasal nunca descendente (aunque este defecto tiende a arreglarse con la edad) con una trufa preferiblemente respingona.
  • Abramos la boca al sufrido cachorrito y comprobemos una buena anchura de sus mandíbulas con los incisivos bien alineados.
  • Se dan a menudo bocas con más incisivos de los seis habituales; en el Bóxer no constituyen un defecto ya que en cierta manera contribuyen a aumentar su anchura, aunque no siempre van de la mano y es más importante apreciar la separación entre incisivos, un síntoma mucho más seguro.
  • Con las mandíbulas cerradas, la boca ha de cerrar en pinza o apuntar un ligero prognatismo. El perro que a estas edades (hablamos del mes, mes y medio) ya posee un prognatismo marcado corre el riesgo de acabar enseñando la mandíbula inferior con la boca cerrada en su etapa adulta.
  • La boca estará cubierta por unos labios o belfos carnosos y abundantes, nunca estirados.
  • El morro y los ojos deberán estar cubiertos por una máscara negra intensa y bien marcada. Desearemos que estos últimos sean del color más oscuro posible, aunque no adquieran su color definitivo hasta pasados los dos meses de edad.
  • Bordeando el iris del ojo por su ángulo inferior interno apreciaremos una membrana (el tercer párpado) que ha de ostentar una pigmentación marrón oscura. Es frecuente encontrarse en lugar de este color los tonos rosados o blanquecinos, en cuyo caso nos hallaremos ante un defecto menor generalmente asociado al manchado blanco del manto.
  • Las orejas tienen que insertarse altas, en un cráneo que debe presentar una protuberancia occipital bien marcada, dando al conjunto un aspecto similiar al de la forma de una pera. Su ausencia delatará un futuro cráneo plano.
  • Debemos rechazar el exceso de arrugas en la frente, pues afectan a la expresión de la cabeza, que por otra parte adquiere mayor distinción cuanto más alta y vertical resulte dicha frente.

El Cuerpo del boxer

  • Dejando aparte ya lo que a la testa se refiere, buscaremos un cuerpo corto (el Bóxer es un perro inscrito en el cuadrado) que se una a unas extremidades de buena longitud, bien aplomadas, rectas y paralelas las anteriores, bien anguladas las posteriores, y a un cuello elegante, nunca corto.
  • Los pies serán pequeños, con dedos bien prietos y arqueados.
  • Una inserción de cola alta contribuirá a acortar el conjunto del perro, que deberá presentar una buena sustancia de hueso.
  • Y para finalizar, escogeremos un color de manto lo más rojo e intenso en los cachorros dorados, desechando los amarillentos, y cuidando que en los atigrados el rayado sea numeroso y bien definido.

La simetría en las manchas blancas también contribuirá a armonizar el aspecto general.

Con todo, pensemos que hasta los criadores más experimentados se equivocan a menudo, y no demos nunca por seguro absolutamente nada en esa especie de enigmática “caja de Pandora” que es el cachorro de Bóxer.

EL BOXER COMO PERRO DE UTILIDAD

El Bóxer posee unas extraordinarias aptitudes naturales para el adiestramiento, y con un poco de paciencia y de trabajo bien dirigido puede ofrecer a sus dueños innumerables satisfacciones en esta faceta, dejando de lado el trabajo civil, con el que el Bóxer se modela como compañero ideal y temible defensor, en el plano meramente deportivo los expertos coinciden en señalarle ciertas particularidades.

En ataque va muy bien, y es una de las razas con un porcentaje más alto de perros aptos para esta disciplina, con el añadido de que no necesitamos acudir a antiestéticas “líneas de trabajo”, sino que nuestro bello campeón es también un perro de carácter.

En rastreo cuenta con las lógicas limitaciones impuestas por su condición de perro braquicéfalo, de hocico “chato”.

Algo testarudo en obediencia, actúa mal bajo la presión de su amo o guía, hacia el que su extrema docilidad y sumisión hacen especialmente sensible.

Todo lo contrario le sucede con la presión exterior hacia la que se muestra inmutable, ignorando el dolor que en todo caso considera como un aliciente.

Tampoco la motivación parece el método ideal ya que le hace perder muchos puntos en la competición.

Todos estos detalles conllevan un adiestramiento necesariamente más paciente y complejo que en otras razas de amplia difusión, y a ello se debe que los principales profesionales de nuestro país centren sus esfuerzos en razas más rápidas y sencillas de trabajar, que son las que suelen alcanzar de esta manera los primeros puestos en las pruebas deportivas.

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