El liderazgo se basa en una comunicación clara y en la coherencia. Los perros no razonan, ni se anticipan a sus reacciones ni preguntan, por lo que deberá dejar totalmente claro lo que espera de ellos. Y puesto que no les gustan los líderes endebles, deberá establecer –y seguir– una serie de directrices firmes. De esta manera, sabrán lo que espera de ellos y responderán mejor. He aquí algunos consejos para convertirse y ser siempre el líder de más confianza para su perro.
Sea coherente. Cuando un perro recibe mensajes distintos de personas diferentes, es posible que se confunda. O lo que es peor, quizá decida que, dado que hay dos (o más) reglamentos, las reglas procedentes de los humanos están hechas para desafiarlas. Es importante establecer unas directrices razonables para el perro y asegurarse de que todos los miembros de la familia las acatan. Por ejemplo, si no quiere que el perro se suba a los sofás o camas, toda la familia debe regañarle cuando lo haga, lo cual implica reprenderle también si se sube a mesas o sillas.
Asimismo, es importante reforzar sus reglas coherentemente. Si lo echa del sofá el lunes y le permite tumbarse el martes, su perro dejará de tomarse sus normas seriamente.
Adopte una posición firme. Nunca permita ni aliente un comportamiento agresivo o mimado en un cachorro. A todo el mundo le gusta que un cachorro le mordisquee o se le suba encima cuando juega, pero no le gustará tanto cuando se haga adulto.
Aliente el buen comportamiento. Los padres alientan a sus hijos a portarse bien premiándolos por su buena conducta. Los perros también responden a los cumplidos. De hecho, su perro aprenderá lo que espera de él mucho más rápido si obtiene, por ejemplo, un elogio si se sienta inmediatamente o un premio cuando acude corriendo a su llamada.
Inculque una ética laboral. A algunos perros nunca se les pide que hagan nada. Vienen cuando quieren, se tumban donde les apetece y se sienten libres de ignorarnos cuando les conviene. Como es de suponer, suelen ser perros con problemas de actitud. Si quiere que su perro se porte bien, es buena idea hacerlo trabajar para ganarse algunos premios. De este modo, aprenderá que su felicidad se supedita a complacerle a usted, su líder.
Por ejemplo, enséñele a esperarlo sentado delante de la puerta antes de dejarle salir, ordénele que se siente y espere mientras coloca su plato de comida delante de él, hágale sentarse o tumbarse antes de hacerle cosquillas o antes de saludarle a usted o a cualquier visita. Y recompense siempre su obediencia con un elogio, una palmadita o un premio. Su perro no tardará en entender que la obediencia es la clave para la felicidad de ambos.






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